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11
nov

Un péndulo para medir música



Un péndulo para medir música

Durante siglos los músicos recurrieron a expresiones un tanto vagas, como andante, allegro o presto para indicar la velocidad a la que se debía interpretar una pieza. Tanto es así que hasta la invención de los primeros cronómetros, la única forma un tanto fiable de fijar el ritmo de una pieza era referirlo a los latidos del corazón humano. Y aún así, ni los latidos del corazón, ni el tic-tac de un reloj, proporcionan un mecanismo demasiado bueno para marcar el ritmo de la música. Al fin y al cabo, nuestro cerebro filtra casi todos los ruidos internos que nos impiden atender a lo que ocurre a nuestro alrededor, y al mismo tiempo tiende a ignorar los que viniendo de fuera se repiten rítmicamente y no parecen ofrecen demasiado interés.

En 1812 el holandés Dietrich Winkel inventó un mecanismo basado en un péndulo formado por una varilla que pivota alrededor de su centro, con un peso en la parte inferior y otro en la parte superior. Este diseño permite regular la velocidad de los batidos del péndulo sin más que deslizar el peso superior hacia arriba (más lento) o hacia abajo (más rápido). Además, este mecanismo permite ritmos bastante lentos sin necesidad de que el pendulo sea muy largo. El invento, bautizado como metrónomo, fue adaptado – y patentado – por el también holandés Johann Maelzel, y no tardó en ser adoptado por muchos compositores. Se dice que el propio Beethoven fue uno de sus primeros entusiastas, por más que su música no se llevase demasiado bien con la rigurosa precisión que imprimía el metrónomo de péndulo doble.

 

 

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